Shazam! La monstruosa sociedad del mal

Superhéroes para todos los públicos

SHAZAM! LA MONSTRUOSA SOCIEDAD DEL MAL
Jeff Smith
Planeta deAgostini
Cartoné. 240 pág. Color
16,95 €


Billy Batson no ha tenido suerte en la vida. Huérfano y sin familia a la que acudir, prefiere malvivir en un piso desvencijado antes que pasar un minuto más en el refugio. Acompañado de cucarachas y un viejo amigo vagabundo, intenta reunir el dinero suficiente para conseguir comida. Para colmo de males, además de sufrir la desgracia de vivir en la calle, desamparado, está indefenso ante el acoso de un matón de barrio que acude regularmente en su busca para que el pequeño le pague un "impuesto" sobre lo que alcanza a recaudar. Pero, una noche, una misteriosa figura atrae su atención, Billy se aparta del fuego y se inmersa en una aventura mágica que dará un vuelco a su vida: tras su encuentro con el viejo mago Shazam, adquirirá la personalidad del Capitán Marvel, el superhéroe que aúna las virtudes de los legendarios Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio. Con sus poderes podrá luchar contra todo mal que asola el mundo, encarnación de los siete pecados capitales, como la repentina aparición de un ominoso robot que amenaza con aniquilar a todo ser viviente, expreso deseo del despiadado Mr. Mente y su Monstruosa Sociedad del Mal.

La Monstruosa Sociedad del Mal hizo su primera aparición en el ya clásico Captain Marvel Adventures #22 (Agosto 1943; Fawcett Comics), comandada por su inefable líder Mr. Mente. La aparición de este grupo de villanos supuso la primera formación en la que sus componentes ya habían luchado anteriormente con el superhéroe protagonista. Además, la saga de la Monstruosa Sociedad del Mal se extendió en la colección durante dos largos años, hasta finalizar en el Captain Marvel Adventures #46. Por la naturaleza de Mr. Mente, para derrotar al Capitán Marvel debe ayudarse de esta organización, relegando su figura al segundo plano donde habitan las peores cabezas pensantes del mundo, como el también malévolo Dr. Sivana.

Jeff Smith homenajea tanto el origen del personaje del Capitán Marvel como esta clásica saga, un hito en el cómic de superhéroes. Y lo hace con total respeto y fidelidad hacia la obra original. En la recreación del origen del Capitán Marvel nos podemos detener viñeta por viñeta y comparar esta nueva obra con el glorioso trabajo de Bill Parker y C. C. Beck. Pero el aire clásico va más allá e impregna la totalidad del cómic, cada una de sus viñetas y sus páginas, de cabo a rabo.


Originalmente, la Monstruosa Sociedad del Mal albergaba seres crueles y extraños de todo tipo. En este actual Shazam! La monstruosa sociedad del mal cocodrilos humanoides y marabuntas de insectos asolarán la ciudad y traerán la desgracia a sus habitantes. Sólo el poder del Capitán Marvel podrá reestablecer un orden alterado por el descuido del pequeño y curioso Billy Batson. Para este cometido lo acompañarán sus mágicos amigos Talky Tawny y Mary Marvel, en una epopeya con regusto a clásico y marcado tono infantil. Jeff Smith, haciendo honor a su trabajo en Bone, construye un universo superheroico blando y amable indicado para todo tipo de públicos. Porque el drama que supone la invasión de Mr. Mente es aderezado con un plantel protagonista con cierto aire disneyano, si se me permite el neologismo. Incluso los supervillanos son gráfica y argumentalmente construidos con un molde cándido y un tanto ingenuo: excepto los gigantescos robots que anteceden a la invasión, tanto el Dr. Sivana como los cocodrilos humanoides y hasta los insectos nos recuerdan a inocentes dibujos animados. Lo que nos lleva a pensar...


Ésta no es la historia de un indómito superhéroe, sino la fascinante aventura del pequeño Billy Batson. En Shazam! La monstruosa sociedad del mal el verdadero protagonista es un niño que escapa de su desgracia gracias al poder cuasi omnipotente de la magia pura, de la fantasía que alimenta sus sueños y que luego los hará realidad. A través del Capitán Marvel, Billy deja las calles para alzar el vuelo y recorrer el mundo a vista de pájaro, amén de proporcionarle el poder para ajustar cuentas con los malhechores que pueblan la ciudad... y los que vienen del fin del mundo. El anhelo de Billy por huir, por escapar de su desgraciada condición, ¿no le llevará a soñar despierto? La figura del superhéroe, con todos sus poderes y connotaciones de bondad y superioridad, ¿no es acaso una forma de expresar su disconformidad, su rabia por no poder volver del revés todo lo que no le gusta de su entorno? Porque, a pesar de la valentía de Billy, todavía es un niño y, como tal, sus ensoñaciones pueden llegar a protagonizar de forma más vívida sus días. Jeff Smith lo sugiere en cierto punto del libro y uno se pregunta al acabar Shazam! La monstruosa sociedad del mal si todo lo que ha leído no ha sido más que una fábula en la mente de Billy.

Shazam! La monstruosa sociedad del mal es un cómic, como ya he dicho anteriormente, para todos los públicos. Sólo un adulto puede captar las reminiscencias a la política estadounidense en el 11-S en los actos del Dr. Sivana. Y, desde luego, que el malvado doctor pretenda asesinar a unos niños y un par de robots gigantes se propongan aplastar una ciudad y luego el universo conocido no son propuestas argumentales ideales para una historia infantil. Pero lo que posibilita que la lectura de este cómic sea adecuada para todo el mundo es la maestría de Jeff Smith en hilvanar y presentar estas situaciones de forma agradable y excitante para un niño. Smith consigue rescatar el espíritu de las primeras y clásicas aventuras del Capitán Marvel para, con un brochazo de modernidad y unos toques cartoon, presentarnos de nuevo al superhéroe que compartía cuerpo con un niño. Una aparente confrontación de ideas que no nos puede llevar a engaño: el cómic de superhéroes, y concretamente el personaje del Capitán Marvel de Fawcett, fue concebido para un público infantil que deseaba tener una vía de escape, a poder ser mágica y maravillosa.

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Dinero

Dura crítica al capitalismo galopante

DINERO
Miguel Brieva
Random House Mondadori
Rústica. 344 pág. B/N y color
19,90 €



La presente edición de Dinero, a cargo de Random House Mondadori en su línea Reservoir Books, es la recopilación completa de todos los números de la revista homónima con la que Miguel Brieva se dio a conocer definitivamente en el mundo del cómic. Nacido en Sevilla en 1974, Brieva ha paseado sus trabajos por reconocidos fanzines y revistas como NSLM, Recto, Tos y Mondo Brutto. Sus ácidas viñetas también han sido protagonistas en otros medios más populares como El Jueves, La Vanguardia, El País y Rolling Stone.

De Miguel Brieva se puede asegurar, con total seguridad y certeza, que es capaz de remover conciencias con una contundencia inusitada. Así de sencillo de explicar, pero tan complicado de ejecutar. Dinero es el ejemplo perfecto y explosivo de esta, quizás audaz, afirmación. El calificativo de "explosivo" no está escogido de manera gratuita, pues es la consecuencia sugerida del descontrol alocado del capitalismo más recalcitrante y manipulador que nos presenta en su entera desnudez Brieva a modo de breves, concisos pero severos chistes gráficos. La locura subyacente del ideal capitalista, sus evidentes paradojas, la deshumanización a favor del consumismo compulsivo, el del clarificador eslogan "compre todo y será alguien en la vida"; queda patente en cada una de las viñetas de Dinero. Con humor mordaz y sin tapujos, el sevillano desgrana cada uno de los vicios intrínsecos de la política y el mundo civilizado, presentando de esta forma las entrañas putrefactas de un sistema en el que todo vale para triunfar, signifique lo que esto signifique en un mundo sin valores morales.


La ambientación de muchas de las viñetas-página de Dinero presenta falsos anuncios cercanos a aquellos que recordamos genéricamente de revistas, películas y recortes de prensa de los años 50. Se promocionan imposibles productos de consumo pero los compradores parecen colmados de felicidad por la posesión de un bien inútil aunque vestido con un apasionado logo. Mad Men, teleserie que se puede ver actualmente por Canal+, retrata con crudeza el trabajo y la falta de ética en una agencia de publicidad de esta década. Se muestran los entresijos de una maquinaria que ha acabado por absorber cada minuto y cada espacio de los medios de comunicación actuales, con mensajes tan estrambóticos pero a la vez tan directos y desafiantes que parecen denigrar al pobre diablo que no cae en la tentación de comprar el fabuloso producto anunciado. Brieva se ríe de este método y realza el protagonismo hiperbólico de las malditas frases que encabezan toda promoción. Da igual lo estúpido que sea el significado del mensaje, lo importante es dejar bien latente que estás obligado a consumir o fenecer en la nadería social.


Para colmo, la obsesión por Disney que salpica varios de los chistes que Brieva reparte por todo el libro. Los dibujos animados, ese entretenimiento dirigido a los más pequeños del hogar, también son un producto promocional y conductivo que condicionará la personalidad de los niños una vez alcancen la edad adulta. La esponja con la que se podría comparar el cerebro a tan tierna edad es un objetivo demasiado jugoso para que escape a las garras de una sociedad hipócrita y despreocupada por su propio futuro.

Se recomienda la lectura de este voluminoso libro en pequeñas dosis. Puede causar náuseas, carcajadas armadas de morbo hasta los dientes, autocomplacencia... pero, jamás, indiferencia.

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Pizzería Kamikaze

Cómo malvivir entre suicidas y sobrevivir al intento

PIZZERÍA KAMIKAZE
Etgar Keret y Asaf Hanuka
La Cúpula
Rústica. 108 pág. B/N. 15 €



Etgar Keret y Asaf Hanuka os dan la bienvenida al mundo de Pizzería Kamikaze, un más allá donde la ironía se cubre con una mortaja desoladora. Nuestros protagonistas deambulan resignados, derrotados y malogrados por sí mismos, abatidos en un entorno alicaído y aburrido dominado por el tedio y la decepción latente de sus habitantes, auténticos cadáveres andantes que en vida no soportaron su suerte y decidieron por su cuenta visitar el cementerio antes de lo previsto.

La adaptación gráfica de Pizzería Kamikaze, originariamente un relato breve de Etgar Keret (La chica en la nevera) que Ediciones Siruela acaba de publicar en el recopilatorio homónimo, corre a cargo de Asaf Hanuka. Hanuka es un historietista de origen israelí que, con mucho oficio y un excelente trabajo de ambientación, nos transporta como por ensalmo a otro mundo en el que el auténtico protagonista es una suerte de purgatorio gris cercado por una impenetrable oscuridad. Ya desde la misma portada, Hanuka se encarga de empujarnos del colorido mundo de los vivos a un limbo monocromático donde la sencillez de sus perfiles es una retribución dolorosa para quienes no supieron valorar lo que tenían en vida.


Y así nos encontramos con Mordy, arduo trabajador de una pizzería local que pasa sus horas muertas en los bares con su amigo Uzi. Mordy comprueba que a su alrededor no hay más que ausencia de objetivos: los lugareños no se preocupan más que por pasar el tiempo de la forma menos aburrida posible pero, paradójicamente, sin pretender ambicionar algo mejor de lo que ya poseen, que es precisamente la nada absoluta. Es la consecuencia moral de una decisión tomada en vida, el purgatorio particular de quien ya no pretendía más en vida y decide acabar prematuramente con su tormento autoindulgente para encontrarse con una eternidad de autocomplacencia y monotonía, una repetición exhaustiva de su anodina vida terrenal.

También quedan secuelas físicas: los personajes que se pasean por las páginas de Pizzería Kamikaze muestran las heridas producidas por su acto de suicidio; algunas son notablemente visibles como agujeros de bala o cuellos retorcidos, y los más "afortunados" (de cara a la superficialidad imperante en los demás) no presentan ningún signo de malformación visible pues tomaron la vía de la ingesta de pastillas. La pseudovida en el barrio se resume a salir de copas y tener la suerte de poder ligar con una "Julieta". Día tras día, noche tras noche, si es que se percibe la diferencia. Y además, toca lidiar con la autocomplacencia de los demás, como si el propio dolor no fuera suficiente ya. Las relaciones sociales se han perdido a favor de una simple y soporífera sucesión de noches de alcohol y frases hechas.

Pero la estancia de Mordy da un giro radical cuando descubre que su antigua novia también se ha suicidado y, por tanto, ha pasado a formar parte de la población de este inframundo. Acompañado de Uzi se embarca en un road trip salpicado de humor negro, morbo, lecciones morales y paisajes donde el gris reina por encima de todo. Ambos se escapan de su limbo particular y se encaminan por unos extraños parajes en los que pierden la visión localista que hasta el momento mantenían de su castigo divino y comienzan a encajar las distintas piezas de un puzzle incompleto. Al salir de su barrio (o de la ciudad de Frankfurt; este purgatorio tiene el aspecto que le quiera dar cada uno), por ejemplo, darán con sus huesos en un pueblo musulmán atestado de terroristas suicidas defraudados por las promessas incumplidas del Islam y donde el odio entre religiones se ha diluido uniéndose fraternalmente en el sentimiento global de resignación. De aquí al bosque y el resto es historia...


Páginas interiores:

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Jacarandá

El terrible poder redentor de la Naturaleza

JACARANDÁ
Shiriagari Kotobuki
Dolmen Editorial
Rústica. 320 pág. B/N. 16 €


El fin del mundo civilizado tal y como lo conocemos no debe de ser un espectáculo muy agradable, digno de verse y disfrutarse, ni mucho menos formar parte del plantel protagonista que lo sufre en sus carnes. Así lo entiende Shiriagari Kotobuki, autor de Jacarandá, que en más de trescientas páginas plasma un apocalipsis dantesco que azota a nuestro Tokio actual.

La naturaleza no escatima crueldades para restablecer el orden castigando a un ser humano egoísta, pretencioso y superficial. Su arma es un jacarandá, un árbol tropical de América del Sur, que brota y crece sin cesar en el centro de la ciudad de Tokio, causando miles de accidentes que precipitan el caos. Enormes explosiones y colosas llamaradas se ciernen en protagonistas de un libro concebido como una reflexión acerca de la deshumanización de la propia humanidad. Un gigantesco árbol acaba presidiendo el horizonte de la megalópolis, primero como un arcángel castigador por nuestros pecados y finalmente como redentor, que acude al rescate para salvaguardar la esencia del ser humano y su papel dentro del orden natural.

Shiriagari Kotobuki confiesa en el epílogo del libro haber estirado lo que podría haber contado como anécdota moralista de 3 viñetas en una hecatombre de más de trescientas páginas. Pero en ellas aprovecha para hacer un ejercicio de expresividad gráfica tal que el dibujo evoluciona de forma paralela y ecuánime a las atrocidades que hace padecer a los personajes que huyen y agonizan entre sus viñetas. De un Tokio sucio, polucionado tanto en la superficie como en su misma alma, pasamos a una vorágine sin fin de desgracias y catástrofes que se ceban con una población atemorizada y confusa que no entiende el porqué de tanto horror. Así, Kotobuki va agilizando y rompiendo su trazo, las figuras van perdiendo consistencia y el caos deviene en absoluto protagonista del libro, para acabar ofreciéndonos repentinamente una simbología llena de luz que contrasta de forma dispar con la negrura que presidía la historia hasta ese momento. Ésta última es la herramienta con la que un apiadado Kotobuki afea y oscurece las peores escenas que se presentan en Jacarandá, dejando acaso a nuestra mente completar las brutales imágenes que nos golpean con certera ferocidad. Un terrible efecto de sugestión que acaba por ser redimido asimismo mediante la alegórica salvación que una imponente efigie brinda a los supervivientes.


Imágenes interiores del libro:


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De las arrugas a las calles de arena


ARRUGAS
Paco Roca
Astiberri
Cartoné. 104 pág. Color. 15 €


Ando abofeteado y aturdido todavía por la lectura de Arrugas (Astiberri), el crudo relato de la decadencia de Emilio, enfermo de Alzheimer y abandonado por su hijo en una residencia de ancianos, donde volverá a conocer la amistad que se forja para combatir la dolorosa soledad. Asistimos a la lenta pero inexorable degeneración de una mente rebosante de recuerdos, vívidos aún en la memoria de Emilio, quizás demasiado. Paco Roca ha firmado una auténtica obra maestra alejada de sensiblerías facilonas, de los tiernos momentos que buscan la lagrimita cómplice del lector, para traernos en su lugar un relato vivo que paradójicamente nos habla del largo adiós, del fin de la personalidad, aquello que nos identifica y nos distingue; aquello que, sobre todas las cosas, nos hace sentirnos realmente vivos. Arrugas es ya la consagración definitiva de un autor que clamaba por un lugar entre los más sobresalientes historietistas del país, habiendo realizado obras destacables como El juego lúgubre (La Cúpula, 2001; Dolmen, 2007) y El faro (Astiberri, 2004). Paco Roca ha alcanzado la madurez tanto como narrador como dibujante y en Arrugas nos da una lección moral y de cómic: domina el tempo narrativo como nadie y nos introduce paulatinamente, con dulce crueldad, en el doloroso momento de descubrimiento de la enfermedad (y las anteriores y posteriores negaciones) y los cada vez más numerosos episodios de pérdida de memoria. Paradójicamente también, va a ser difícil olvidar este álbum, que se ha enquistado profundamente. Buena señal de cara a los numerosos premios a los que seguramente va a optar.

El autor valenciano ya se encuentra trabajando en su próximo álbum, que será publicado por Delcourt y que llevará por título Las calles de arena. Para ir abriendo boca, nada mejor que echar un vistazo a algunos de sus bocetos y a un par de páginas ya finalizadas.


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Por nuestra cuenta

No se puede escapar del pasado

POR NUESTRA CUENTA
Miriam Katin
Ponent Mon
Cartoné. 136 pág. B/N y color. 22,00 €


Una madre y su hija leen juntas un pasaje de la Biblia:

    - En el principio, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y dijo Dios: Hágase la luz. Y la luz se hizo... y era algo bueno. Y Dios dividió la luz de la oscuridad.

    - En el principio Dios creó la oscuridad, luego la luz, luego a madre, a mí y luego a los demás. Y era algo bueno.
Pero continúa el libro: "Y entonces, un día, Dios reemplazó la luz con la oscuridad" y una amenazadora bandera con la esvástica tapa la ventana de la habitación al exterior.

En 1944, los judíos húngaros recibieron la orden de hacer un inventario de todas sus pertenencias y abandonar la ciudad para trasladarse a los guetos que les fueron asignados. Esther Levy había oído los rumores acerca del destino de quienes acababan en esos guetos y resuelve huir con su hija Miriam. No tiene más opción que fingir sus muertes, conseguir documentos falsos y escapar al campo, haciéndose pasar por una campesina y su hija ilegítima. "Sea astuta. Inteligente. Busque una forma de desaparecer", le aconsejan. Y así lo hace, dejando atrás todas sus pertenencias y recuerdos, pasto de un fuego purificador que limpia todo rastro de su vida pasada en Budapest. Los Levy ya no existen: la madre y la hija han muerto y el padre se encuentra desaparecido tras haberse enrolado en las filas del ejército húngaro para luchar contra el invasor alemán.


Así, Miriam y su madre emprenden una nueva vida en el campo, trabajando duro y ocultando su identidad a pesar de la proximidad de las fuerzas nazis. Tanto es así que incluso un comandante alemán llega a encapricharse de la sospechosa sirvienta de una familia campesina. Esther Levy debe someterse a la voluntad del soldado para complacerle y permanecer, tanto ella como su pequeña hija, a salvo de posibles represalias. Más adelante llegaría la retirada de los cachorros de Hitler a favor de las fuerzas de liberación rusas. Un ejército bruto y ávido de alcohol que no augura mejor suerte para los pobres húngaros que sus predecesores alemanes. Esther continúa entonces ocultando su verdadera identidad y luchando por mantener íntegra la inocencia de la pequeña Miriam.

Por nuestra cuenta es el testimonio de la lucha de una madre por que su hija permanezca inocente a pesar de un entorno caótico y brutalmente hostil. La Miriam niña asiste ingenua a los horrores a los que debe enfrentarse su madre para salir con vida de un viaje al que se han visto abocadas tan solo por tener una fe. Miriam no comprende la vasta tragedia que se está produciendo. Es la madre, desesperada pero resuelta, la figura que protege la inocencia de una niña que ve cómo el mundo se derrumba incomprensiblemente a su alrededor: cómo muere su perro, cómo deben abandonar su vida, cómo de repente pasan hambre, cómo la gente a su alrededor se comporta de forma extraña, cómo sólo algunas personas son buenas con su madre y con ella, pero, sobre todo, cómo un Dios benevolente puede permitir que ocurran todas esas desgracias. A pesar de todos sus esfuerzos, Esther Levy no consigue mantener intacta a su hija de las consecuencias de la guerra. La ventisca que oculta su huída de los soldados rusos podría entenderse como un milagro, una acción de un Dios cuya voluntad es la de salvaguardar a los inocentes, pero Miriam no lo entiende así: la primera consecuencia ha sido ver abatida a su mascota, ahora pasto de los cuervos. La pequeña Miriam ya ha sido testigo de demasiados episodios sangrientos. La pura y blanca nieve se ha tornado roja por la sangre derramada y su fe se ha ido desmoronando paulatinamente, empujada irremediablemente hacia un rencoroso ateísmo.


La relación entre la madre y la hija está coronada por una sobreprotección que no termina de cuajar en los frutos esperados. Es imposible que una niña permanezca impasible a todo lo que sucede a su alrededor y, menos aún, cuando la tragedia se ceba con su destino. No es de extrañar que, pasados unos años, una Miriam Katin madura sienta recelos de llevar a su hijo a un colegio hebreo y que los fragmentados recuerdos de una infancia convulsa le atormenten mientras ve caer la nieve al otro lado de su ventana. Para Miriam, una vida secular sólo conduce a las atrocidades que vivió junto a su madre.


Pero no todo es oscuro y desolador en este libro. Esther y Miriam se cruzarán en su camino con personas de buen corazón, que las ayudarán en la medida de lo posible. Es el contrapunto optimista a la barbarie que les asola en su peregrina vida, que culmina con el regreso del padre soldado. Todos estos episodios de contrastada piedad y bondad acentúan el horror que padecen la madre y su hija, pero hace atisbar un pequeño halo de esperanza en la humanidad.

Miriam Katin realizó su primer trabajo gráfico para las Fuerzas Armadas de Israel. Ya en Nueva York, este currículum le sirvió para entrar en el campo de la animación para la MTV y Disney. Esta experiencia se revela patente en varias de las escenas de Por nuestra cuenta: el dinamismo de muchas viñetas sugiere al lector la posibilidad de estar leyendo un extracto de un largometraje animado de aspecto añejo y desaliñado. A esta sensación ayuda también el trazo, en ocasiones sucio o aparentemente desdibujado y poco cuidado, pero siempre aportando el punto justo de movimiento y expresividad. La estructura rígida de la página, académica en su composición pero a la vez restringida por esta condición, se rompe cuando los personajes quiebran sus límites, huyen de las viñetas, imprimiendo de esta forma otra metáfora visual más que refleja inequívocamente el sentimiento de desasosiego de las protagonistas y su tenaz empuje a escapar de su destino.

Tenemos en este libro una combinación entre un estilo expresionista estrictamente contemporáneo al contexto en que se desarrolla la historia y un dibujo bastante próximo al de la literatura infantil, género en el que la autora cuenta con una larga trayectoria profesional. El monocromo gris y oscuro refleja una Budapest incómoda y bajo una eterna penumbra, una ciudad que ha perdido su esplendor a favor de un ambiente de desesperanza y melancolía. Asimismo, el campo no se presenta muy acogedor, sino más bien todo lo contrario: los refugios de Katin y su madre se presentan como reductos claustrofóbicos, una desazón que se amplifica con el comportamiento agresivo y desconfiado de sus gentes.


Por nuestra cuenta presenta dos claras influencias. Por un lado, es un nuevo testimonio en primera persona de una autora atormentada por su pasado. Acaso en busca de una catarsis, Miriam Katin se suma a la lista formada por Marjane Satrapi (Persépolis, Norma), Bernice Eisenstein (Fui hija de supervivientes del Holocausto, Mondadori) y Alison Bechdel (Fun Home, próximamente en Mondadori). Todas ellas mujeres que nos abren las puertas de su infancia para que no olvidemos nuestra propia historia.

Como tampoco podemos olvidar el desgarrador testimonio del padre de Art Spiegelman en Maus (Mondadori), ineludible referencia en el mundo del cómic en cuanto al Holocausto se refiere. Si bien en el caso de Spiegelman la fría relación del padre y el hijo se estrecha precisamente durante la elaboración del libro, en Por nuestra cuenta Katin nos evoca a su madre con mucha más comprensión; no en vano no es lo mismo ser un testimonio indirecto de los hechos como Spiegelman que sufrirlos en la propia piel como Katin. Ambos autores se ponen en el papel de sus antecesores y reviven el pasado en un ejercicio de suplantación para comprender mejor las decisiones de sus padres y que pretende, ante todo, mostrar un claro respeto hacia su figura.

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Las olivas negras 1: ¿Por qué esta noche es diferente de otras noches?

Sfar y Guibert nos trasladan a Judea hace 2000 años

LAS OLIVAS NEGRAS 1
Joann Sfar y Emmanuel Guibert
Ediciones Kraken
Cartoné. 48 pág. Color. 12,90 €



¿Por qué esta noche es diferente de otras noches? Porque es la primera que el pequeño Gamaliel pasa sin su padre, apresado por el ejército de ocupación romano. Porque es la primera que está fuera de casa, oculto en una comuna celota. Porque los únicos que parecen estar tan en apuros como él son dos mercenarios galos, desertores de las legiones romanas, que están más preocupados en ligarse a la joven mercader Tsiporah y en no morir en el intento. Esta noche de Pessach (Pascua judía) es, sin ninguna duda, muy diferente a las demás noches que ha vivido Gamaliel, hijo de un pastor de Judea, huérfano de madre, que da sus primeros pasos en la fe judía y que, como niño, las preguntas son una constante en sus labios.


Las olivas negras no es un péplum al uso, repleto de batallas épicas y héroes por doquier. En lugar de ello, en este álbum nos tropezamos con una historia moderna que combina la relación de un padre con su hijo, la resistencia de un grupo de rebeldes contra el ejército opresor, y el papel de una mujer liberada que es criticada por los suyos precisamente por su comportamiento nada ortodoxo. Y, como contrapartida humorística, las vicisitudes de dos galos que son un par de sátiros, cuyo desconocimiento de las lenguas y las tradiciones de la región darán lugar a varios episodios hilarantes.

No hay maniqueísmos ni estereotipos aborrecibles en esta obra, sino una aproximación inusualmente realista y unos personajes psicológicamente complejos, aturdidos a pesar de la aparente determinación que muestran algunos de ellos. Tanto da la ambientación que escoja Joann Sfar para sus relatos: siempre podemos contar con que nos brindará un nuevo ejercicio de reflexión, atemporal y universal, bajo un envoltorio fácil de digerir. A esto ayuda el anacronismo de algunos diálogos, en su mayor parte los mantenidos por los soldados galos (sosias del propio Sfar y de su amigo y también dibujante Christophe Blain), que deja bien patente la modernidad de las historias del prolífico autor francés así como su canallesco sentido del humor.


En perfecta sintonía se encuentra Emmanuel Guibert, quien, con una inconfundible línea clara, limpia la suciedad del polvoriento desierto y nos presenta una Judea de contraste entre claros y oscuros. Guibert consigue aquí con sobriedad un resultado espectacularmente efectivo. Frente a la luminosidad del día se encuentra la penetrante noche, escenarios ambos impolutos y sin mácula, blandos y tiernos, que encarnan la inocencia de un niño que pronto se ve truncada ante la suciedad del resto del plantel protagonista. Es definitivamente sorprendente la habilidad de este autor para mimetizar su estilo y adecuarlo al espíritu de la obra.

Sencillo, en fin, en su planteamiento y en su presentación, pero complejo en su interior, este álbum destaca de entre las novedades presentes en las librerías. En un discurrir ágil de la historia y una puesta en escena de la página en una parrilla de 6 viñetas transcurre esta cautivadora primera entrega de Las olivas negras, ilustrativo prólogo de esta saga en cuatro partes que atestigua la universalidad de los temores y los anhelos humanos.

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Antologías

La Cúpula y Glénat recuperan el formato antología
MOME Verano 2007
Varios autores
La Cúpula
Rústica. 132 pág. B/N y color. 18 €
Sexy Chix
Varias autoras
Ediciones Glénat
Rústica. 104 pág. B/N. 15 €


Las antologías siempre acaban por dejar en el lector una doble impresión. La heterogeneidad intrínseca de este tipo de obras ofrece un abanico de historias con una relación dispar de la calidad entre los distintos autores implicados en el proyecto. Hay descubrimientos, consagraciones, decepciones e incluso autores que pasan sin pena ni gloria, meros comparsas ocultos entre los grandes nombres. Por esta razón la labor del editor es más importante que nunca y la selección de obras ha de estar racionalizada con mucho cuidado, orientando el resultado final hacia un objetivo concreto. En el caso que nos ocupa, las intenciones son en principio desiguales y la valoración final depende exclusivamente de los valores propios del lector.


Paul Hornschemeier para MOME

MOME es una serie trimestral de antologías publicada originalmente por Fantagraphics de la mano de la cabeza visible de la editorial y que ahora nos trae La Cúpula. Gary Groth ha conseguido reunir a varios de los nuevos valores del cómic independiente estadounidense, como Paul Hornschemeier, Jeffrey Brown ó Gabrielle Bell. Al primero ya lo conocemos en España gracias a la edición por parte de Astiberri de la cruda historia Madre, vuelve a casa y lo tendremos de vuelta con Las tres paradojas. El autor de Ohio, en esta primera entrega de MOME, emplea con maestría los silencios para comunicar la angustia de una abandonada protagonista; el dolor y la aparente incomprensión sentidos en la adolescencia se erigen como motores de una historia por entregas que pronto será recopilada en álbum. Hornschemeier es también objeto de una entrevista por Gary Groth que nos permite conocer con más profundidad sus inquietudes artísticas. Pero la grata sorpresa de esta antología viene de Gabrielle Bell, la gran desconocida dentro de nuestras fronteras y una de las figuras sobresalientes del catálogo de Drawn & Quarterly con Lucky, pero sobre todo conocida en Estados Unidos por su cómic When I'm Old. Bell construye con total fluidez una episódica ensoñación ante lo que podría ser el futuro junto a una persona que acaba de entrar en la vida de la protagonista. ¿Qué pasaría si se dejara engatusar por un vecino un tanto libertino? El resultado es el juego hipotético con el que nos enfrentamos diariamente.

Una serie de simbólicos relatos conforman MOME, una antología que se presenta al lector con una vitola experimental. Ideal para el lector acérrimo de las obras editadas por la editorial afincada en Seattle, pues está impregnada del espíritu independiente y atrevido que la ha caracterizado a lo largo de su historia. Anders Nilsen, David B., Kikuo Johnson y otros nombres propios de igual excelencia pueblan las cabeceras de este y los siguientes volúmenes de MOME. Continuaremos su lectura en otoño...


Colleen Coover para Sexy Chix

Frente a la oferta ecléctica de MOME nos encontramos con Sexy Chix, una iniciativa de Diana Schutz para Dark Horse que acaba de publicar Glénat en España. Se trata de un cómic único con la sola premisa de que todas las autoras de los relatos son del sexo femenino. Todo tipo de historias tienen cabida en este volumen, desde los más desgarradores episodios autobiográficos hasta las más locas e inanes historias detectivescas o autoparódicas. De esta forma, Sexy Chix es tan heterogénea gráficamente como en el apartado argumental. Con el nexo común de la sensibilidad femenina, las páginas de esta antología nos ofrecen una amplia diversidad de historias que concluyen en un regusto final que combina lo dulce con lo amargo. En contraposición a algunas historias ciertamente prescindibles nos encontramos con varias perlas destacables como las aportadas por Chynna Clugston, que abre el libro con una divertida página donde relata el trabajo diario de una dibujante de cómics; o Colleen Coover, con una dura reflexión ante el futuro incierto que se avecina tras una trágica pérdida.


Joyce Carol Oates y Laurenn McCubbin para Sexy Chix

Sexy Chix significa también la primera toma de contacto de autoras de otros campos en el medio del cómic. La incursión en el mundo comiquero de la novelista Joyce Carol Oates con ¿No confías en mí?, una parábola adaptada en cuatro páginas y ambientada en un inquietante futuro cercano en el que las mujeres no tienen el control sobre su propio cuerpo, es una de las más notables historias presentadas en esta antología. Como también lo es El arte del desapego, de Sarah Grace McCandless, donde la autoimpuesta soledad que sobreviene tras una ruptura es más dura que el propio desamor.

El regreso de este tipo de publicaciones (las aquí comentadas MOME y Sexy Chix y otras como Humo ó BDBanda) no puede ser más que bienvenido. Hemos de congratularnos por las antologías y las revistas de cómic que ahora mismo inundan las librerías especializadas, pues éste es un síntoma de la buena salud del mercado. Trivializando y en pocas palabras, son una excelente prueba de nuevos talentos que puede ayudar a la publicación de algunos autores que de otra forma no podríamos leer en castellano. Además, la estructura del relato breve (o las entregas episódicas) es inherente a una narrativa inusual para muchos de los autores más consagrados; será curioso ver cómo se desenvuelven en estos parajes.


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Lecturas: "La maldición del paraguas"

La publicación de una obra de Lewis Trondheim es sinónimo de divertimento asegurado. La maldición del paraguas es un vivo ejemplo del humor autoparódico de uno de los grandes nombres de la escena de la nouvelle BD.



La maldición del paraguas
Lewis Trondheim
Ediciones Sins entido




La maldición del paraguas es un compendio de historietas de una sola página que están extraídas directamente de la vida de Lewis Trondheim, por su puño y letra. En ellas leemos su asistencia al Festival de Angoulême en el que recibió el gran premio y su viaje de documentación para La isla de Borbón 1730, en el ámbito profesional, o la adopción de unos gatitos y otros episodios hogareños que nos presentan a la persona que hay detrás de su inmensa obra. Publicadas inicialmente en su blog, estos breves retazos autobiográficos aúnan el humor típico del autor y la sinceridad de quien se ve como un loco de atar y no pretende ocultarlo. Una visión propia en tercera persona que nos entrega en bandeja de plata a un Trondheim-personaje para que nos cebemos en su ridículo y que acaba por convertirse en alguien entrañablemente cercano. Una maniobra curiosa de distanciamiento y humillación con la que paradójicamente consigue acercarnos con cariño y cierto guiño de complicidad a una caricatura y sus extravagancias. Éstas son las pequeñas tonterías de cada día que se nos van acumulando y, cuando nos queremos dar cuenta, han pasado, no a formar parte tangencial de nuestro paso por estas tierras, sino a ser precisamente los elementos que nos pueden definir a la perfección. Los tics, las neuras, los comentarios jocosos, los miedos y nuestro trato con nuestra familia y amigos, todo ello supone nuestro día a día y tan sólo de nosotros depende cómo afrontemos cada mañana. Lewis Trondheim lo tiene claro. Si en Mis circunstancias se confesaba como una persona intratable, asocial y neurótica, en La maldición del paraguas nos obsequia con los pequeños episodios cotidianos que ponen la salsa a un día perfecto (o no). Como la mejor defensa es un buen ataque, no se me ocurre mejor táctica a emplear para reírse de uno mismo. Los cortos capítulos de este libro vienen a mostrarnos la otra faceta del autor galo: aún un tanto borde y paranoico, revela su lado más mordaz, bromista y entrañable. A sus cuarenta años bien cargados en sus espaldas todavía es capaz de jugar con un sable láser de juguete y no tener la vergüenza de ocultarlo. O engañar a un grupo de personas que esperan ansiosos la firma de su dibujante favorito y alejarse de allí con una sonrisa maliciosa en los labios. Incluso arrastra consigo a algunos de sus amigos, como Joann Sfar, Christophe Blain o Manu Larcenet, unos artistas de mucho cuidado cuyas travesuras no tienen nada que envidiar a las del protagonista. Y lo que es peor: con todo, arranca con certera intención de nuestra memoria algún recuerdo un tanto sonrojante. Así claro que no nos vamos a reír de él, sino con él... ¡Nos la ha vuelto a jugar!

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