Las olivas negras 1: ¿Por qué esta noche es diferente de otras noches?

Sfar y Guibert nos trasladan a Judea hace 2000 años

LAS OLIVAS NEGRAS 1
Joann Sfar y Emmanuel Guibert
Ediciones Kraken
Cartoné. 48 pág. Color. 12,90 €



¿Por qué esta noche es diferente de otras noches? Porque es la primera que el pequeño Gamaliel pasa sin su padre, apresado por el ejército de ocupación romano. Porque es la primera que está fuera de casa, oculto en una comuna celota. Porque los únicos que parecen estar tan en apuros como él son dos mercenarios galos, desertores de las legiones romanas, que están más preocupados en ligarse a la joven mercader Tsiporah y en no morir en el intento. Esta noche de Pessach (Pascua judía) es, sin ninguna duda, muy diferente a las demás noches que ha vivido Gamaliel, hijo de un pastor de Judea, huérfano de madre, que da sus primeros pasos en la fe judía y que, como niño, las preguntas son una constante en sus labios.


Las olivas negras no es un péplum al uso, repleto de batallas épicas y héroes por doquier. En lugar de ello, en este álbum nos tropezamos con una historia moderna que combina la relación de un padre con su hijo, la resistencia de un grupo de rebeldes contra el ejército opresor, y el papel de una mujer liberada que es criticada por los suyos precisamente por su comportamiento nada ortodoxo. Y, como contrapartida humorística, las vicisitudes de dos galos que son un par de sátiros, cuyo desconocimiento de las lenguas y las tradiciones de la región darán lugar a varios episodios hilarantes.

No hay maniqueísmos ni estereotipos aborrecibles en esta obra, sino una aproximación inusualmente realista y unos personajes psicológicamente complejos, aturdidos a pesar de la aparente determinación que muestran algunos de ellos. Tanto da la ambientación que escoja Joann Sfar para sus relatos: siempre podemos contar con que nos brindará un nuevo ejercicio de reflexión, atemporal y universal, bajo un envoltorio fácil de digerir. A esto ayuda el anacronismo de algunos diálogos, en su mayor parte los mantenidos por los soldados galos (sosias del propio Sfar y de su amigo y también dibujante Christophe Blain), que deja bien patente la modernidad de las historias del prolífico autor francés así como su canallesco sentido del humor.


En perfecta sintonía se encuentra Emmanuel Guibert, quien, con una inconfundible línea clara, limpia la suciedad del polvoriento desierto y nos presenta una Judea de contraste entre claros y oscuros. Guibert consigue aquí con sobriedad un resultado espectacularmente efectivo. Frente a la luminosidad del día se encuentra la penetrante noche, escenarios ambos impolutos y sin mácula, blandos y tiernos, que encarnan la inocencia de un niño que pronto se ve truncada ante la suciedad del resto del plantel protagonista. Es definitivamente sorprendente la habilidad de este autor para mimetizar su estilo y adecuarlo al espíritu de la obra.

Sencillo, en fin, en su planteamiento y en su presentación, pero complejo en su interior, este álbum destaca de entre las novedades presentes en las librerías. En un discurrir ágil de la historia y una puesta en escena de la página en una parrilla de 6 viñetas transcurre esta cautivadora primera entrega de Las olivas negras, ilustrativo prólogo de esta saga en cuatro partes que atestigua la universalidad de los temores y los anhelos humanos.

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1 Comentarios:

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