Lecturas: "Balas perdidas"

Más lecturas, muchas más lecturas, demasiadas lecturas. Parece mentira que, aunque uno lea y lea, dejando al más puro ostracismo los DVDs comprados y la cartelera cinematográfica del momento, la pila de libros y cómics pendientes no baje ni a la de tres. Pero bueno, mientras me siga deleitando con maravillas como Balas perdidas, que además quedan tan bien en la estantería en su formato tomo y me permiten regalar la edición en grapa, no me quejaré demasiado (como supongo tampoco lo hará el que ha recibido los 22 comic-books).



Balas perdidas
David Lapham
Ediciones La Cúpula


"La inocencia del nihilismo", corta sentencia que justifica a la perfección la esencia del modus operandi de los protagonistas de Balas perdidas. Unos personajes guiados por una moral propia, transgresora de una impuesta por la sociedad como respuesta a una situación crítica personal que requiere una reacción desesperada o, simplemente, porque no les apetece atenerse a unas normas estrictas dictaminadas en unas esferas políticas muy alejadas de la calle. Porque Balas perdidas no es más que la historia de las entrañas de la sociedad, de sus escalafones más bajos, donde hay unas leyes inquebrantables: la amistad, el amor, los negocios... todo está por encima de los libros de los abogados y las entelequías intangibles de unos conceptos demasiado abstractos. El impulso, la intuición, es lo que rige los actos de unos personajes apáticos y peligrosos que no dudan en emplear la violencia más extrema si lo consideran necesario para conseguir sus objetivos o sencillamente para divertirse. ¿Qué código se le puede imponer a una persona desesperada por sobrevivir, desengañada con la sociedad y el status quo, ambiciosa hasta la enfermedad, desequilibrada mentalmente o con una moral tergiversada? Entonces, ¿sus actos son malos por naturaleza, por contrato social o son reacciones válidas -siendo benévolos, comprensibles- dentro de su contexto? Quizá de aquí venga la inexplicable simpatía que despiertan unos seres tan impúdicamente violentos, tan inhumanos en sus actos como humanos en sus convicciones.

Pero no podemos juzgar sus brutalidades sin la perspectiva global de sus vidas. ¿Qué ha pasado para que esa persona actúe de ese modo, de dónde vienen sus anhelos y hacia dónde se dirige? David Lapham se sirve de saltos en el tiempo para ir presentándonos la historia completa de forma fragmentada y sin orden cronológico lineal, de un modo en que podemos tener un punto de vista poco habitual pero imprescindible para llegar a conocer mucho mejor los nombres que circulan por las páginas de esta serie y sus motivaciones. De esta forma, alternando episodios pasados, presentes y futuros, de diversión con otras situaciones más crudas, Lapham nos presenta el contraste interior de sus personajes, una balanza que se inclina de un costado o del otro según el peso de las alternativas del momento. Todos son lo que son, y sus circunstancias.

Balas perdidas no es un cómic de género negro al uso. No hay complicadas pero tópicas intrigas, apuestos y avispados detectives ni mujeres fatales. Tan sólo hay gente de la calle que se ve abocada al desastre sin que pueda hacer nada para evitarlo. De la más vulgar ama de casa al político corrupto pasando por unos despreocupados y enamoradizos adolescentes, cualquier lector puede encontrar en ellos un reflejo familiar. David Lapham es constantemente comparado con Quentin Tarantino por sus expeditivas puestas en escena, sus ácidos e hirientes diálogos repletos de exabruptos y sus personajes atormentados. Pero Lapham ha construido una serie tan realista a pesar de sus extravagancias porque conoce este submundo de primera mano. Nacido y criado en Nueva Jersey, este autodidacta dibujante y guionista tuvo una infancia y una adolescencia de los más turbulentas y animadas, llegando a ser fichado por la policía a los 11 años. No sabemos cuánto de lo que conoce y ha vivido en sus carnes lo impregna en sus creaciones, ni de dónde viene exactamente la naturalidad de unos diálogos que nos conducen con sobriedad y sin artificios, con una relajada y fluida narrativa, a lo largo de todos los capítulos hacia sus inevitables desenlaces, que llegan con aparente normalidad a pesar de los sobresaltos y las sorpresas continuas. Y es que tanto las escenas más pausadas como las más trepidantes y de acción se muestran con sosiego y espontaneidad, como otro aspecto ineludible e inseparable de la vida.

Ediciones La Cúpula reemprende la edición de este ya clásico cómic de género negro desde su inicio y abandonando la publicación en grapa. Por el momento contamos con la presencia en las librerías de dos libros, La inocencia del nihilismo y En algún lugar del oeste, que recopilan los números 1 a 14 de la anterior edición. Una nueva oportunidad para los despistados que dejaron pasar la serie hace unos años, donde se pierde el sentido del título de la serie, la de los retazos presentados como auténticas balas perdidas, pero se gana en visión global del universo cruel y despiadado de Lapham.

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8 Comentarios:

  • Sí pero...
    ¿no te parece que Balas pide a gritos la grapa? Cada número es un autoconclusivo, pero al tiempo una pieza del caleidoscopio. La lectura fragmentada, mes a mes (de dos en dos meses, en principio, luego el caos...) me parece la forma correcta, la querida por Lapham, para entrar en este universo, por lo demás, acojonante (uno de mis tebeos de cabecera)

    Por Blogger Señor Punch, a las 3:55 p. m.  

  • Es justamente eso lo que digo al final, que con la edición en tomo se pierde el aspecto de "bala perdida" de cada número. Pero lo malo de la edición en grapa es que no hay ningún "jumping-on point", un número adecuado para entrar en la serie a mitad de camino. Lo mismo ocurre con los tomos, claro, pero éstos aguantan más tiempo en la librería :)

    Por Blogger tirafrutas, a las 4:50 p. m.  

  • Sergio, creo que te adelantastes regalando los 22 bruts, sólo se han reeditado 14. Esperemos que en febrero reediten el tercer tomo que llega hasta el 22. Así las próximas ediciones ya serán de material inédito, aunque, si siguen lo publicado por Capitan books, al cuarto le queda todavía un tiempo. Creo que se van por el número 40, luego quedan 18 por publicar, lo que no sé es si aquí se termina o todavía quedan más. ¿Alguien lo sabe?.

    Por Anonymous Juan Carlos, a las 5:30 p. m.  

  • Ando tranquilo habiendo regalado los 22 "Fuera de serie", no hay problema.

    La serie aún ha de continuar más allá del #40, o si no me quedaría de piedra con la cantidad de cabos sueltos que aún quedan pendientes de resolución. En concreto, la trama del instituto de este mismo número.

    Por Blogger tirafrutas, a las 5:45 p. m.  

  • mECACHIS, sergio, por fin alguein comenta a Lapham......estaba mosqueadillo por que con lo bueno que es este tio y en ningun lado leia algo de él.................como un trago en ayunas.

    Por Anonymous Caracrater, a las 9:19 a. m.  

  • ah, pos tienes razón, se ve que no lo había pillado (cansancio, intuyo)
    Por cierto, pregunta... ¿ha acabado Balas en USA?

    Por Blogger Señor Punch, a las 3:57 p. m.  

  • Mira un par de mensajes más arriba :)

    Por Blogger tirafrutas, a las 4:02 p. m.  

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    Por Blogger Adi, a las 9:24 a. m.  

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