Lecturas: "Luchadoras"

Peggy Adam rubrica con cuidada sobriedad un mensaje directo y parco en obviedades maniqueas y dogmáticas. Se trata de Luchadoras, un nuevo libro de Sins entido que viene a engrosar su nueva y excelente línea de autoras de cómic.



Luchadoras
Peggy Adam
Ediciones Sins entido


Sobre un paisaje encarnado se yergue la figura recelosa de Alma, cuya mirada expresa la misma actitud de un animal herido que se sabe acorralado y que antes de morir luchará hasta su último aliento. Así es la protagonista de Luchadoras, un álbum realizado por Peggy Adam que nos traslada a Ciudad Juárez, infame población mexicana fronteriza con los Estados Unidos, escenario de miles de asesinatos que hoy en día se mantienen impunes.

En este lugar inhumano y despiadado, Adam retrata la vida de las mujeres víctimas de una violencia consentida y callada por todo un pueblo. La resignación se palpa en el aire enrarecido por la fría cotidianeidad de una barbarie asimilada desde la más tierna infancia. Alma, su hermana y su pequeña hija son conscientes de la soledad a la que se han visto empujadas por el abandono de la sociedad. Son ellas, y nadie más, pues la complicidad y el silencio obran en su contra, quienes han de enfrentarse al horror que las martiriza día tras día, a la fatalidad ineludible que les espera al fondo del gran cañón o escondida entre los rastrojos del desierto. Dependen de la velocidad de su reacción, que las salvará o las condenará a ser una víctima más de un episodio sonrojante de la historia de México. Alma se convertirá entonces en una luchadora alejada de una figura pasionaria, pues no busca más que su propia salvación.

La extrema religiosidad del pueblo mexicano está siempre patente. Una gran estatua de Cristo corona la montaña cuya falda arropa Ciudad Juárez. Más que como un redentor de pecados, su figura se proyecta como una sombra amenazante sobre unas mujeres subyugadas al patriarcado. Las representaciones simbólicas colonizan una obra en la que Alma se llega a representar como una virgen barroca con sangrantes estigmas en las manos. Una metáfora que no por fácil es menos impactante.

Peggy Adam impregna a las páginas de Luchadoras de ese ambiente sórdido y silencioso en el que se desenvuelven unas familias temerosas de reconocer la verdad oculta en cada casa. El gran Cristo vela por la seguridad de un pueblo retratado en sus claroscuros más descriptivos. El contraste entre las grandes masas de negro que presiden las viñetas y los pocos resquicios blancos que consiguen perfilar a los personajes retrata con certera exactitud cada una de las tragedias que van salpicando de sombrío presagio el devenir de Alma. Adam consigue construir de esta forma una suerte de novela negra cuya femme fatale es, paradójicamente, víctima y verdugo.

Luchadoras juega con la linealidad de las historias convencionales para presentarse en forma de un retruécano tramposo. Adam nos sitúa al principio en el horrible momento de la agresión a Alma. Ésta cae a tierra ensangrentada, víctima de un apuñalamiento a plena luz del día. Entonces, daremos un salto al pasado más reciente para conocer todos los hechos que han conducido a tan lamentable episodio. Con una estudiada pirueta en espiral, Adam nos devuelve al escenario del crimen con los antecedentes marcados al rojo y una determinación en lo más profundo del alma de nuestra protagonista. Y el lector, testigo mudo, jurado sin voz en el veredicto final de una huida irreprochable y condenable a la par.

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