Lecturas: "Ice Haven"

Ice Haven supone la puesta de largo de Random House - Mondadori en la edición de cómics en España. Aunque su línea Reservoir Books ya incluye títulos como Viviendo del cuento de Juanjo Sáez ó Macanudo de Liniers, ha tenido que ser Daniel Clowes quien otorgara un halo de seriedad, de compromiso con un medio que es capaz de proporcionar maravillas como este Ice Haven.



Ice Haven
Daniel Clowes
Random House - Mondadori


Ice Haven es un pequeño y apacible pueblo del medio-oeste norteamericano, de aquellos que parecen atrapados en la década de los 50, los años de los tonos pastel y la tranquilidad de la quietud. Es uno de esos pueblos herméticos, donde la vida se hace en y para la comunidad. Anchas, largas y solitarias avenidas conforman la cuadrícula urbana, extendiendo a sus lados hileras de casas unifamiliares que encierran en su interior todo un universo particular completamente aislado de la vida social de la ciudad. Las calles de la suburbe comunican las casas entre sí, pero desde ellas no somos capaces de vislumbrar lo que ocurre en su interior. Para ello hay que ir abriendo cada una de las puertas...

Ice Haven es el imaginario pueblo americano que da título a la última obra de Daniel Clowes y que sirve de escenario para el secuestro del pequeño David Goldberg. Este terrible suceso conmocionará de forma desigual a un vecindario obsesivamente preocupado por sus propios problemas. La desaparición del niño está inspirada en un caso real, el de Bobby Franks, quien fue secuestrado y asesinado por Nathan Loeb y Richard Leopold en 1924, un hecho que aparece de forma recurrente en las páginas del libro que nos ocupa. Este acto de barbarie tuvo lugar a pocas manzanas del barrio donde nació Clowes, aunque 40 años antes, pero aún así su repercusión y el efecto que este tipo de sucesos produce en la sociedad provocó que el fantasma del secuestro pendiera constantemente sobre él y sus amigos y vecinos durante su infancia. Pero esto es un simple mcguffin, una excusa argumental para que Clowes nos diseccione de nuevo el ser humano y nos muestre sus miserias y sus vicios, ocultos bajo una capa superficial de engañosa placidez y felicidad. Y también para que suelte una hiriente diatriba sobre el arte y la crítica.

A través de breves episodios a modo de cortas tiras de prensa, Clowes nos va aproximando a la vida de la ciudad con los ojos de sus habitantes. Una visión caleidoscópica que nos ofrece una silueta de un Ice Haven omnipresente, anclando a los personajes a su localización y aprisionándolos. "Su ciudad es un organismo vivo, y tal vez mucho más que cualquiera de sus personajes humanos", recita uno de los habitantes del pueblo. Ice Haven sirve de eje sobre el que giran las distintas historias, es el escenario común donde Clowes va esparciendo las pistas necesarias para resolver los muchos misterios que guardan recelosos sus protagonistas y que se despliegan oblicuamente; los objetos y las referencias se distribuyen entre las tiras, conformando un sutil lazo que las mantiene unidas. Pero no esperéis una resolución final, porque Clowes no la dará.

(Seguramente, un buen cinéfilo recordará con facilidad una de las grandes piezas del director Robert Altman. Se trata, claro está, del largometraje Vidas cruzadas, que guarda ciertas similitudes en la estructura y la presentación con Ice Haven y que está basado en varios relatos cortos de Raymond Carver)



Los diferentes personajes que deambulan por las calles de Ice Haven guardan un terrible secreto pero, sobre todo, albergan una necesidad, un anhelo, que se ve truncado cada vez que se confrontan con la realidad. Mientras aparentan ser personas normales a simple vista, esconden graves problemas de personalidad, depresión y frustración. La experiencia de cada uno de ellos revela un desajuste entre sus sueños y sus logros. Es el desengaño del aspirante a artista, es la lujuria del hormonalmente desbocado amor juvenil, es la desesperación por verse atrapado en un entorno social claustrofóbicamente limitado. Los personajes de Ice Haven intentan alcanzarse los unos a los otros, luchan por aferrarse a un pequeño atisbo de esperanza que les saque de su prisión emocional o, simplemente, dejan transcurrir el tiempo esperando que la suerte cambie y les sonría. El poeta Random Wilder alimenta una rivalidad inexistente con la poetisa laureada del pueblo, pero no trabaja duro para competir con ella; Violet Vanderplatz suspira por que su novio Penrod, que vive a cierta distancia de allí, la rescate del hastío; Vida espera leer algún día su nombre en una revista de arte; la señora Ames quiere que su marido le preste atención y no dedique tanto tiempo a sus pesquisas; Charles vive con el deseo de que su hermanastra se enamore de él.

Un nexo común entre los personajes de la novela es la necesidad de reconocimiento. Cada uno de los protagonistas de Ice Haven, en cierta medida, siente una irrefrenable atracción hacia su objeto del éxito, sexual o social. El jovencito Charles divaga sobre el deseo sexual como una herramienta de la naturaleza para perpetuar las especies -una naturaleza caprichosa que juega también con la muerte y la morbosa seducción del asesinato. Random Wilder y Vida, con métodos diametralmente opuestos pero con el mismo objetivo, se desviven por alcanzar un estatus elevado de reconocimiento social gracias a sus creaciones artísticas, que pretenden dejar como legado a la Humanidad. El pequeño Carmichael, por su parte, es el típico matón que en realidad está pidiendo a gritos atención; es, a su manera, el afán por la notoriedad.



Clowes desarrolla sus entrecruzadas historias desde los múltiples puntos de vista de los habitantes de Ice Haven proporcionando a cada uno de estos narradores una voz moldeada mediante un estilo gráfico propio y un coloreado particular. Cada personaje y cada momento se delimitan con resoluciones distintas adecuadas al episodio que nos ocupa. Es necesario hacer hincapié en la importancia de las paletas cromáticas empleadas a lo largo de todo el libro, pues ponen de relieve ciertos aspectos narrativos que adquieren de esta forma mucha mayor fuerza y expresividad. Ice Haven supone así toda una lección del potencial del medio, de la novela gráfica. Clowes emplea magistralmente todos los recursos a su alcance para comunicarnos los miedos, las angustias y la desesperanza que atenazan las almas de Ice Haven. Los rostros de los protagonistas reflejan una actitud impersonal que contrasta con las constantes preguntas interiores pero que no desentona con una ciudad bidimensional, plana y aséptica, compuesta únicamente por símbolos.



El uso del formato de tiras de prensa y los distintos estilos que emplea para realizarlas produce en el lector de Ice Haven la sensación de estar ante un suplemento dominical, donde varios autores narran las vicisitudes de distintos personajes pero se ponen de acuerdo en dotarles de un entorno único. Ocurre sobre todo gracias a la sensación nostálgica del color que aplica, que en ocasiones evoca a las añejas tiras de prensa norteamericanas de mediados del siglo pasado. Así, observamos ciertas reminiscencias, por ejemplo, al Little King de Otto Soglow en uno de los capítulos dedicados a Loeb y Leopold, o a las tiras de Peanuts en los episodios de los chicos de Ice Haven.

Abre y cierra el libro (y protagoniza una tira) el crítico de cómics Harry Naybors, un títere que Clowes utiliza tanto para deconstruir su propia obra como para ridiculizar una postura, la de la crítica, ante su arrogancia. La dualidad entre el arte y la crítica la representan Random Wilder / Vida y Harry Naybors, aunque ninguna de las dos partes cruce palabra en toda la novela. Se mantiene así una separación metafórica entre las dos disciplinas, quebrada únicamente por el desfallecimiento, la rendición, de Random Wilder ante la inesperada valía de los escritos de Vida. La reacción de Wilder recuerda poderosamente el mito del rencor del crítico: sólo es crítico aquel que es incapaz de realizar con éxito aquello mismo que critica.

Bien, es cierto, yo sería incapaz de firmar nada remotamente parecido a Ice Haven.

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