Lecturas: "Pobre cabrón"

Ya estaba deseando poder leer de nuevo a Joe Matt. Este autor me tiene robado el corazón con sus descacharrantes historias protagonizadas por el mayor bastardo sobre la faz de la Tierra: él mismo.



Pobre cabrón
Joe Matt
La Cúpula


Reconócelo: eres un cínico, un egoísta incapaz de ver más allá de tu propio ombligo, alguien que ha de buscar la empatía en el diccionario. O por lo menos, seguro que alguna vez te has comportado así. De esta forma se nos sincera Joe Matt en Pobre cabrón, el último libro del autor estadounidense publicado por La Cúpula. Recopilando los primeros seis números de su revista autobiográfica Peepshow, Joe Matt nos relata su búsqueda de la mujer ideal. Pero es fácil de encontrar, claro, pues "sólo" se trata de una mujer exótica, bajita y con buen cuerpo, sin ninguna imperfección o singularidad física y de personalidad dócil, que reniegue incondicionalmente de tener planes conjuntos con su pareja, ya que Matt es un alma libre que no se dejará enjaular tan fácilmente. Y si no, que le pregunten a Trish, la novia de Matt al principio de la obra y que, pobre, termina exhausta de las ínfulas de grandeza y los cabreos constantes del autor. Por no mencionar su enfermiza obcecación por la pornografía y la insultante imagen que tiene de la mujer, amén del reconocimiento de haberse fijado en otra chica. Chester Brown y sobre todo Seth, compañeros autores de la editorial canadiense Drawn & Quarterly, se pasean por las páginas de Pobre cabrón para sufrir las paranoias y las manías de Matt. Seth no escucha más que estupideces superficiales, caprichosas y obsesivas salidas de la boca del autor, para desesperación suya. Tras la ruptura de la relación entre Matt y Trish, comienza la inevitable busca de una nueva pareja, porque en el fondo Matt es tan incongruente que necesita una mujer (o un objeto sexual, mejor dicho) cerca. Es inevitable que vaya fijándose en toda fémina con la que se cruza: la compañera de trabajo de su ex (más conocida como "la chica de Ipanema"), la novia de un admirador de sus cómics, una amiga de éste, la nueva inquilina, su primer escarceo sexual que está de vuelta... Lo importante no son las inquietudes de estas chicas, sino sus bondades físicas y el lujurioso sexo potencial. En una de las exasperantes e iterantes diatribas de Matt con Seth, el primero le confiesa al segundo que él y su nuevo objetivo, la vecina recién instalada, asiática y un bombón, no tienen los mismos intereses, no les gusta hacer las mismas cosas y no se ríen de los mismos chistes, a lo que el canadiense responde: "Parece que no tenéis mucho en común. Tal vez deberías olvidarte de ella"; "¿Estás loco?", exclama Matt, "¡Es la perfección!". Pero, ¡ay!, acaba descubriendo que tiene los gemelos demasiado rollizos, así que otro descarte más.

Joe Matt nació el 3 de septiembre de 1963 en Filadelfia y ya de niño mostró su faceta obsesiva, en su afán como irredento coleccionista de cómics por hacerse, a cualquier precio, con las pequeñas joyas que anhelaba. Esta afición le llevó a la Philadelphia College of Art, donde consiguió su graduado y se lanzó al redil laboral dispuesto a comerse el mundo. Pero sus ambiciones le hicieron rebelarse en su primer puesto de trabajo y decidió que lo mejor era el panorama independiente. Como no hay nada más interesante en este mundo que uno mismo, trabajó en una serie de historietas de una sola página a modo de diario que fueron reunidas en 1992 por Kitchen Sink Press bajo el título Peepshow: The Cartoon Diary of Joe Matt. De aquí a Drawn & Quarterly con la serie Peepshow, con un dibujo mucho más elaborado y estudiado. Las reminiscencias a la revista Raw dejan atrás la experimentación primigenia de unas páginas algo decaídas gráficamente. Art Spiegelman, Robert Crumb y Harvey Pekar son los ilustres nombres que han marcado el estilo de Joe Matt según reconoce él mismo, y tampoco es difícil de adivinar que Mis problemas con las mujeres del maestro del underground es una obra que le ha marcado profundamente. Pero la mayor influencia viene, sobre todo, de la ayuda y el trabajo de sus amigos Chester Brown y Seth, quienes trabajan el género de la autobiografía (inventada o no) y le llevan a considerar la posibilidad de trabajar en historias largas, con personajes en contexto y remarcando el paso del tiempo; en definitiva, emplear otros recursos aparte del diálogo para situar y contar una historia, con tal de olvidar las aburridas cabezas parlantes de Peepshow: The Cartoon Diary of Joe Matt. El éxito de la serie Peepshow ha propiciado dos reacciones muy dispares. La primera son las airadas declaraciones de la chica en la que se basó Matt para crear el personaje de "la chica de Ipanema" que se pueden leer aquí. Por otro lado, es conocido el interés que tienen la HBO y David X. Cohen (Futurama) en realizar una adaptación televisiva en breve, aunque esta iniciativa lleva tiempo en el aire.

En todas sus historias Joe Matt se nos muestra como una persona realmente odiosa, inmadura, tacaña, insoportable... cansina en lenguaje llano. Todo gira en torno a él, como buena autobiografía: ahí se quedan impresas en sus páginas sus manías, sus bobadas y sus devaneos febriles. Campan a su alrededor toda una suerte de secundarios que son la voz de la razón y la cordura o, como alternativa, víctimas de sus disparatados prejuicios, su chabacanería y sus engreídas peroratas. Son ellos los únicos que aparecen sin mácula, personas normales más o menos simpáticas, dentro o fuera de sus cabales, pero alejadas de la petulancia de la que hace gala Matt. Aunque la pretendida sinceridad con la que cuenta los distintos episodios de su vida queda impregnada de una exageración que nos hace sospechar del grado de libertad creativa que imprime en la caracterización de su sosias. ¿Es el verdadero Joe Matt tan jodidamente cabrón como nos refleja él mismo? Y, lo que es peor, ¿cuánto de nosotros hay en este Joe Matt de papel?


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