Lecturas: Hideshi Hino

Tengo pendientes mil reseñas de otros tantos cómics que he ido leyendo estas vacaciones, entre fiebre y fiebre. Para empezar, El niño gusano de Hideshi Hino, con una pequeña biografía del autor para aquellos que no lo conozcan.



El niño gusano
Hideshi Hino
La Cúpula


Hideshi Hino nació en 1946 en Chichiharu, Manchuria, durante el periodo de descolonización japonesa del país. Al finalizar la retirada de tropas y colonos, su familia se trasladó a la prefectura de Gunma en Japón, pero pronto se mudaron a Itabashi, en Tokyo.

Su primer contacto con el manga se produjo con Sugiura Shigeru, una obra por la que se interesó por la comedia ninja, pero más adelante se decantó más por el mundo del cine, sobre todo por piezas ambientadas en el Japón feudal. Akira Kurosawa era un nombre notable dentro de ese campo, pero quien realmente supuso un profundo impacto en Hideshi Hino fue Masaki Kobayashi con su Seppuku (1962). El crudo realismo del film provocó que Hino comenzara a plantearse una carrera como director de cine. No obstante, el periodo Edo es una etapa de la historia más compleja y difícil de retratar de lo que pensaba. Por esa época aparecieron Ninja Bugeicho y Kamui Den, de Sanpei Shirato, dos mangas que cambiaron la concepción del autor por el realismo y el espectáculo que se podía desprender del cómic. Así fue cómo, estando en la escuela, cuando sus dibujos captaron la atención de sus compañeros de clase, Hino consideró seriamente la posibilidad de forjarse una carrera profesional como artista de manga.

El horror no fue, ni por asomo, el tema de sus primeros trabajos. Hino se inclinaba más por la ambientación histórica, la ciencia ficción y la comedia. A los 21 años debutó en la revista Com (publicada por Mushi Production, la compañía de Osamu Tezuka) con Tsumetai Ase (Sudor frío), una comedia sobre una casa de té en el periodo Edo. Aunque poco le duró el entusiasmo, pues el relativo éxito de su Doro Ningyo (Muñecos de fango), la historia de unos niños nacidos con deformidades a causa de la polución, le hizo replantearse su trayectoria y realizar un cambio hacia el terror. Con la lectura de los relatos breves de El hombre ilustrado de Ray Bradbury, Hino quedó fascinado por la sugerente mezcla de horror y cuento de hadas. De ahí surgió Zoroku no Kibyo (La extraña enfermedad de Zoroku), la estremecedora historia de cómo el solitario Zoroku se contagia de una misteriosa enfermedad que da lugar a una exhibición detallada de coloridas y asquerosas erupciones. Nada a lo que ahora mismo no estemos habituados, sólo que esta obra fue publicada en 1969 dentro de la revista infantil Shonen Gaho. El exitoso impacto de un relato tan grotesco sobre el público propició que otras muchas revistas se interesaran por el autor.

A partir de ese momento, Hideshi Hino se convierte en un referente del manga de terror. Las situaciones más escatológicas se aderezan con las enfermedades más vomitivas, con los personajes más desagradables, en un cóctel de horror y humor con tintes morbosos. En el caso de El niño gusano tenemos el ejemplo perfecto de exacerbación de la discriminación social. El pequeño protagonista sólo encuentra refugio de las burlas de sus compañeros de colegio y de los desprecios de su propia familia en un vertedero de basuras donde huye para reunirse con todas las mascotas que ha recogido de la calle. Un día es mordido por un ignoto gusano rojo, cuya picadura inicia una serie de drásticos cambios en el niño hasta el punto de convertirle en un gigantesco e incomprendido, repudiado y vilipendiado gusano. El enternecedor viaje que emprende entonces el niño gusano sirve de contraste al verdaderamente repulsivo comportamiento de otros dementes protagonistas de este manga, segunda entrega de la colección de Hideshi Hino que nos trae La Cúpula. En breve, podremos disfrutar de más horrores, supuraciones y angustiosas muertes relatadas en los mangas que podéis consultar en esta lista.

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